Faltan pocas horas para las elecciones, y uno de los encuestadores más serios (su predicción de los resultados de las elecciones en Misiones y Córdoba fueron acertadas) indica que, en todo el país, el 70 % del padrón electoral no tiene interés en el proceso ni le interesa la política.
Por otra parte, un prestigioso politólogo señala que, 4 de cada 5 ciudadanos que votarán a la candidata oficial, lo hicieron, en el pasado no muy lejano, por Menem.
Lo primero es muy grave, y lo segundo paradójico. Grave, por que un número significativo de ese 70 % terminará cumpliendo su deber cívico, pero su estado de ánimo, con respecto a la elección, le impedirá, seguramente, pensar racionalmente su voto. Lo segundo, teóricamente no se entiende, ya que lo que proclama el actual gobierno es que el responsable más notorio, de las calamidades que sufrió la Argentina, es el ex caudillo riojano. Hoy los paradigmas son: no al libre mercado, no a las privatizaciones, no al cierre de los ferrocarriles, no a la política de derechos humanos de la década del 90, no a la Corte Suprema menemista, no a numerosas otros aspectos políticos, económicos y sociales. A veces se demostró que es así, por las políticas que adoptó el gobierno del presidente pingüino, aunque otras veces no tanto. El fenómeno de los votantes ex menemistas y hoy kirchneristas se justifica, a medias, por que el peronismo es un movimiento y en el conviven varias ideologías, y cuyas diferencias, en el acto eleccionario, se dejan de lado, para que “todos unidos triunfaremos”.
En ese contexto, entre otros aspectos, los argentinos elegiremos un nuevo gobierno.
Existen, para simplificar y con respecto a las elecciones, tres clases de ciudadanos. Un grupo que tiene definido a quien votar, ya sea por ideología, o por sentimiento o por que personalmente estima que saldrá beneficiado. Otro al cual no le satisface plenamente ningún candidato, y votará por el menos malo y para evitar o complicar el triunfo del postulante al cual no votarían nunca. Y el último grupo es aquel que opina que no votará positivamente (lo hará en blanco, anulará el voto o se abstendrá).
No soy de dar consejos, inclusive si me lo piden. Por lo que sigue, es una opinión activa, nada más.
Creo que hay que votar positivamente. Si ningún candidato nos satisface totalmente, habrá que dar el voto por el que más se acerque a los que pensamos y de paso evitaremos que gane el que más alejado esté de nuestras ideas. No a la corrupción, sí al fortalecimiento de las instituciones, por la independencia de los poderes, por la distribución del ingreso más equitativa, por una política exterior independiente, etc., etc.
Un deseo: que el acto eleccionario sea ejemplar, y que cualquiera sea el resultado, pensemos que es nuestra obligación interesarnos activamente por la política, para así, aunque el camino sea dificultoso, poder cambiarla de acuerdo a nuestras convicciones.